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Análisis y Crítica
de Obras Enero-Abril 2002
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¡ Agosto-Diciembre 1999 | Enero-Abril 2000 |Mayo-Agosto 2000 | Septiembre - Diciembre 2000 | Enero-Abril de 2001 | Mayo- Agosto 2001 | Septiembre-Diciembre 2001 |
EL SUBMARINO AMARILLO por Eduardo Guerrero
"Pelicano": Asuntos de familia por Juan
Andrés Piña
Tres noches de un sábado por
Sergio Gómez
SUSURROS DE OPIUM por Pedro Labra H.
"HASTA AQUÍ NO MÁS LLEGAMOS..."
por Pedro Labra H.
"Ahora no, que están los niños"
por Sergio Gómez
"Pelicano": Asuntos de familia por Pedro
Labra H.
"COLINA 1, TIERRA DE NADIE"
por Juan Antonio Muñoz H.
"Ahora no, que están los niños"
por Juan Antonio Muñoz
H.
GUERNICApor Eduardo Guerrero
El Círculo de Tiza Caucasiano por Pedro Labra
H.
DEJAME QUE TE CUENTE QUE LAS ABUELAS NO SON PARA EL VERANO
por Eduardo Guerrero
"Mortajas" por Flavia Radrigán
"EL SUBMARINO AMARILLO"por Pedro Labra H.
"MITOS DE LA MUERTE Y OTRAS MUERTES"por
Pedro Labra H.
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En esta sección durante Septiembre-Diciembre del 2001:
REFLEXIONES SOBRE UNA VIDA ABSURDA (O
TE NECESITO TANTO PADRE). por Eduardo Guerrero
"FIRMAS PARA
EL AMOR" por Pedro Labra H.
"Los gemelos
venecianos" por Pedro Labra H.
CADA VEZ QUE LADRAN LOS PERROS por
Pedro Labra H.
"Cada vez
que ladran los perros" por Flavia Radrigán
TRATA DE BLANCAS
por Pedro Labra H.
"Carita
de Emperaora" por Flavia Radrigán
CARITA DE EMPERAORA
por Pedro Labra H.
EL CIRCULO DE
TIZA CAUCASIANO por Eduardo Guerrero
LA LLUVIA DE VERANO por Eduardo
Guerrero
LA LLUVIA DE
VERANO por Pedro Labra H.
NOSOTRAS QUE NOS QUEREMOS TANTO
por Eduardo Guerrero
EDUCANDO AL NENE
por Pedro Labra H.
PLANETAS
por Eduardo Guerrero
"Planetas"
por Flavia Radrigán
OFELIA por
Pedro Labra H.
TRES NOCHES DE UN SÁBADO por
Juan Antonio Muñoz H.
DIOS, DE WOODY ALLEN por Eduardo Guerrero
"Cámara uno" por
Flavia Radrigán
EL CENSOR por Pedro Labra H.
TRAUMA por Pedro Labra H.
GALANES por Pedro Labra H.
El desvarío por Eduardo Guerrero
MEDEA por Juan Antonio Muñoz
H.
"Medea (versión)"
por Flavia Radrigán
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Vea también Críticas publicadas durante:
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La Tercera.
Demasiada simpleza
EL SUBMARINO AMARILLO
DRAMATURGIA Y DIRECCION: GUSTAVO MEZA
COMPAÑIA: TEATRO ESCUELA IMAGEN
CON: ELSA POBLETE Y TRINIDAD GONZALEZ
SALA: LA COMEDIA (MERCED 349)
HORARIO: VI. Y SA., 22 HORAS DO., 19 HORAS
por Eduardo Guerrero del Río
Fue el primer estreno del año 2002, en el contexto del Festival de Teatro a Mil realizado en enero. A su vez, tuvo una favorable acogida de público y de algunos críticos. Ahora vuelve por breve temporada a la sala La Comedia, en donde -en el último tiempo- se han ido entremezclando trabajos de la compañía anfitriona (Ictus) y de grupos foráneos, tanto chilenos como extranjeros, con un resultado general -a mi modo de ver- de montajes fácilmente olvidables.
En función de lo anterior, podemos decir que El Submarino Amarillo es un espectáculo demasiado sencillo tanto en su dramaturgia como en su puesta en escena, no vinculado mayormente con lo que ha sido el aporte (desde la dramaturgia y la dirección) de Gustavo Meza por más de 25 años. No sólo me refiero a un teatro de contingencia o a ese creativo trabajo de adaptación de las novelas de Hernán Rivera Letelier, en el último tiempo. También, a pesar de una vinculación temática (madre posesiva), se aleja de la propuesta implícita en el creativo montaje de Cartas de Jenny, hacia fines de los '80.
Así, el texto alude a la relación entre una madre (Elsa Poblete) y su hija (Trinidad González), en distintos momentos y circunstancias. Durante un poco más de una hora de representación, asistimos a un constante juego de complicidades compartidas, de añoranzas y recuerdos, de reveladoras verdades. En definitiva, la consabida problemática generacional. Por lo mismo, en apoyo del título, la hija le recrimina a su madre:"Ustedes se fueron saliendo del submarino". En todo caso, más allá de la temática, el texto es de suma simpleza, con un diálogo que a veces trata de ser ingenioso y en donde existen distintas versiones de los hechos.
En un espacio vacío, con sólo una silla de por medio, se realiza este juego catártico entre madre e hija. La obra no es más que eso. Por esto, la constante de la puesta en escena es acentuar este carácter lúdico. Hay instantes y chispazos, sobre todo con una mayor teatralidad hacia el final (lo relacionado con la canción de The Beatles), pero, en su conjunto, no es un montaje paradigmático ni mucho menos de Gustavo Meza. Hay que agregar, además, que la música más que un efectivo aporte se transforma en un elemento distorsionador, y que las actuaciones de Elsa Poblete y Trinidad González cumplen en función de lo mínimo que se les puede pedir dadas sus innegables condiciones actorales, en el caso de la primera por su larga y destacada trayectoria en el teatro chileno y, en el caso de la segunda, por su proyección iniciada hace algunos años con el Teatro el Cancerbero. En suma, El Submarino Amarillo es un montaje lúdico, de extremada simpleza y en cierta forma reiterativo en su planteamiento escénico.
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"Pelicano":
Asuntos de familia
Juan Andrés Piña
El Mercurio
Domingo 5 de Mayo de 2002
La reposición de "Pelícano", de Strindberg, por la Compañía
La María, es un ejemplo de cómo se puede dar una nueva lectura
a una obra tradicional, potenciando el trabajo actoral, conservando la fuerza
de sus textos y utilizando con precisión ciertos recursos escénicos
contemporáneos.
Hija, hijo, madre y un refrigerador cuya presencia adquiere distintos caracteres
a medida que avanza esta obra de August Strindberg.
"Pelícano" es una obra breve del autor sueco August Strindberg (1849-1912), escrita aparentemente hacia 1906. El objetivo que el dramaturgo se propuso con ella fue compensar la feroz visión del protagonista masculino que había entregado en "La danza de la muerte" (1905) y condenar, en este caso, a la mujer. Como en la mayor parte de su producción, aquí el tema de las arduas y dolorosas relaciones humanas impregna el argumento y contribuye a completar su particular mirada respecto de los componentes de una familia.
A pesar de la desbordada vehemencia de sus textos y de sus rasgos de tipo expresionista, "Pelícano" es una obra esencialmente realista. El montaje que dirigieron Alexis Moreno y Alexandra von Hummel invierte el orden cronológico de los acontecimientos, pero conserva intacta la historia central: a los pocos días de la muerte del padre, su esposa (Angélica Riquelme) y sus dos hijos (Alexis Moreno y Alexandra von Hummel) revelan el infierno a que fue sometido aquél por parte de la mujer, su egoísmo, tacañería y voracidad que le condujo a la muerte. A su vez, los dos muchachos dejan escapar, por fin, el antiguo resentimiento en contra de la madre, el hambre y el frío que debieron sufrir durante su niñez y reprocharle por conquistar al novio y actual marido de la hija. Así, ella no encarnaría el mito que se atribuye a los pelícanos, que darían su sangre para ayudar a sobrevivir a sus crías.
Asesinato síquico
La construcción de la obra de Strindberg opera de una manera casi policial: la muerte del padre y esposo desencadena un estallido de resentimientos antes cuidadosamente ocultos, y el pasado de los personajes asoma de una manera violenta, transformándose casi en un juicio en contra de la madre. Acontecimientos o sucesos jamás antes mencionados se descubren en pocas horas de acontecer dramático. Una vez más aparecen aquí los encuentros y desencuentros de hombres y mujeres, las máscaras que cubren ciertas oscuras realidades familiares y que la sociedad se resistiría a conocer.
"Pelícano" es otra mirada del tan comentado antifeminismo del autor sueco, la otra cara del "noraísmo", tendencia nacida a partir de Nora, el personaje protagónico de "Casa de muñecas", de Ibsen, quien decide irse de su casa por no soportar el autoritarismo del marido. En la mayoría de las obras de Strindberg su crítica a las mujeres - hijas, esposas o madres- llega a límites que hoy se considerarían grotescos y de las cuales los nuevos montajes rescatan la turbulencia de las relaciones humanas, más que su puro ataque a la mujer. Hay en esta obra algo que el dramaturgo postuló en varios ensayos, cuentos y obras teatrales: el "asesinato síquico" como un crimen real - muy en la línea del Naturalismo de finales del siglo XIX- , es decir, la muerte del marido por el hostigamiento sicológico de la esposa. Incluso en algunos de sus parlamentos, la madre se esfuerza por demostrar que los médicos certificaron una enfermedad física en su esposo y que ella está libre de la acusación de asesinato.
Intensidad y exasperación
El trabajo del grupo chileno La María opera desde una premisa básica: las responsabilidades en el drama familiar son múltiples y atañen a todos sus componentes, no sólo a la madre. Y si bien es cierto que aquello atentaría contra la intención original de Strindberg, en este caso la relectura potencia el universo temático que el dramaturgo dejó plasmado en su múltiple producción: las dificultades de los vínculos entre las personas y los obstáculos para encontrar una sola y auténtica verdad en los sucesos de vida en común. Para ello, los directores eliminaron a un personaje secundario (el yerno) y reordenaron la secuencia de ciertas escenas, de tal manera que el espectáculo se centra básicamente en los discursos individuales de los tres protagonistas, que entregan su "versión" de la historia. Al revés de lo que se ha publicitado, el texto se mantiene casi intocado, no hay intervención sobre él, ni mucho menos acoplamiento de fragmentos de otras obras, de personajes o incidentes externos que se hayan propuesto "mejorar" o "enriquecer" la obra original.
Lo que hace esta puesta en escena es potenciar
el trabajo actoral, conducir los parlamentos por el camino de la intensidad,
de la exasperación e incluso del agobiamiento. Por largos pasajes, la
tensión radica en la verbalidad misma, en el ardor y crueldad de las
palabras - sus desgarros, revelaciones y metáforas- , en el hallazgo
de ciertas realidades silenciadas, como el hambre y el abandono, que los hijos
dejan caer ahora frente a la altiva madre. El montaje condensa, al final de
la hora de representación, los descargos de ella, que en la obra original
habían sido presentados de manera espaciada. Esta eficaz acumulación
produce un cierto equilibrio y ambigüedad, que fue la óptica elegida
por los
directores.
Los elementos escénicos que contribuyen a esta renovada mirada de una obra de casi un siglo son una música interpretada en vivo y un arcaico refrigerador vacío en la mitad de la acción dramática, cuya presencia adquiere distintos caracteres a medida que avanza la obra, más allá del simbolismo del hambre y el frío que presidió la niñez de los hijos. Una atmósfera oscura y opresiva envuelve el mundo que emerge progresivamente de los personajes y enmarca la violencia emocional de sus diálogos.
Ciertos elementos del cine de terror refuerzan la idea de que el padre ya muerto sigue rondando en el hogar. Los otros recursos parecen más efectistas que efectivos, como la parrilla de luces que cae en mitad del escenario casi al final de la representación, o el confuso e innecesario subtítulo con que fue rebautizada: "Posibilidades al fin de una familia".
El montaje de "Pelícano" es una propuesta actual que conoce los límites hasta dónde se puede potenciar un texto sólido y a ratos deslumbrante, formulando una mirada que extrae los elementos más ocultos y menos pintoresquistas del original, una alternativa válida para un clásico de turbadora vigencia, tanto en su construcción dramatúrgica como en sus temáticas.
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03/05/02, El Mercurio.
Chileno medio
Sergio Gómez
Pocas veces se tiene la oportunidad de degustar una exquisitez de la dramaturgia chilena servida en dos diferentes platos. Esta coincidencia tiene en la actualidad a "Tres noches de un sábado", ese clásico casi mítico del Ictus, en cartelera tanto en el teatro como en el cine (sólo hasta hoy jueves).
No se puede dejar pasar el ejercicio comparativo, aunque sea sólo una recreación constructivista o, fisgonamente, una curiosidad. Aclaremos: esto es un comentario de teatro no de cine. Sólo diré que la película sorprende, sobre todo su inteligentísimo guión, un ejemplo de adaptación motivadora y correcta al lenguaje cinematográfico.
La obra de teatro, a cargo de Andrés Céspedes, es un ejemplo de pulcritud y eficiencia. Actores, todos jóvenes, que sin duda no darían en el casting de la película, pero que lo sudan todo arriba del escenario, con una regularidad sorprendente cada uno de ellos.
Destaca nítidamente Paulo Meza, un actor de múltiples registros. Con él sucede como con Dustin Hoffman - lo sé, una comparación odiosa- , porque crece físicamente de tal forma en el escenario que su estatura no es un problema sino una ventaja.
La puesta en escena del director no se complica, es simple y compacta a través del despliegue de un módulo con paneles portátiles. Trabaja además sobre la dramaturgia sólida de tres historias finamente desarrolladas. Esta fórmula es la que actualmente rinde los mejores frutos a los contadores de historias nacionales, sean del cine o del teatro. El fragmento evita la irregularidad, el temido "guatearse", la pulcritud para contar y, por sobre todo, soslaya la infatuación autoral que tanto mal hace.
La obra de teatro "Tres noches de un sábado" surgió en los lejanos '70, en los tiempos del blanco y negro, sin celulares, con el hoyo del metro antes que el hoyo del ozono. Una época que hoy parece la prehistoria de todo, pero que ha mantenido con sorprendente regularidad sus peores vicios, todo eso que se conoce como nuestra enervante y sufrida chilenidad. Por eso la pieza se ve tan fresca en este siglo, sin necesidad de cremas rejuvenecedoras ni implantes artificiales, y esto ocurre porque las llagas que aguijonea la obra siguen allí, incólumes, impresentables.
El tema de "Tres noches de un sábado" es una de las piedras en el zapato más molesta para nuestra identidad nacional y responde a una feroz pregunta: ¿Cómo nos relacionamos los chilenos? Las respuestas que da esta obra son desalentadoras. Seguimos aporreando al otro, al del lado, al que odiamos y al que amamos, con incomprensión, violencia, ironía, burla, desprecio y alcohol.
Hace una semanas, se decía que el censo serviría para tomarnos una "enorme fotografía" y así saber cómo somos. Hay que reconocerlo: como lo hace "Tres noches de un sábado", no todos sonríen, algunos inclusos salen desenfocados en esa foto.
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30/04/02, El Mercurio.
TEATRO / SUSURROS DE OPIUM:
Experimento privado
Pedro Labra Herrera
PEDRO LABRA HERRERA
La mayor parte de los recursos que concurren a este montaje experimental - empezando por el director y las dos bien dotadas actrices- son de buen nivel y motivadores. Pero el resultado, una elaborada alegoría de corte espiritual y estilo orientalista trabajada con sensibilidad y rigor, no logra trascender el escenario y se vuelve esotérica. Como si los artistas hubieran creado para sí mismos, sin preocuparse de llegar a un público.
La obra claramente continúa la búsqueda estética que Claudio Rodríguez emprendió en su notable ciclo de "Cuentos Noh". Adaptando libremente una novela del español Jesús Ferrero, muestra a una madre y su hija en una relación llena de giros caprichosos y datos vagos, que se desarrolla en un espacio inmaterial, abstracto.
Avanzados los 50 minutos de espectáculo, recién se adivina el sentido de la incierta parábola, que apunta al tema de la dependencia emocional y sicológica. La madre es adicta al opio, la joven está obsesionada por un amado distante, entre ellas hay un estrecho vínculo que se resisten acortar.
La propuesta busca una poética teatral de una plástica y musicalidad altamente estilizadas, contemporánea y a la vez con fuertes resonancias japonesas. Como en los "Cuentos Noh", los sugerentes solos de cello (por Angela Acuña, ubicada en una tarima elevada) acompañan la acción convirtiéndose en un tercer personaje. A ratos la palabra hablada se trastoca en canto, y los juegos gestuales, en danza.
Dividida en sectores con elementos de textura contrastante, la escenografía - igual que el montaje- une signos muy cuidados y dispares sin organicidad expresiva, ni lograr el delicado simbolismo que pretende.
FICHA:
Dramaturgia: Basada en textos de Jesús
Ferrero y Jean Cocteau.
Director: Claudio Rodríguez.
Elenco: Coca Guazzini, Patricia Pardo y Angela Acuña.
Funciones: Sala Galpón 7 (Chucre Manzur 7). De jueves a sábados,
22:00 horas. Domingos: 20:30 horas. Jueves y viernes, 2x1 a $ 5.000; sábados
y domingos, 2x1 a $ 6.000.
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20/04/02, El Mercurio.
TEATRO "HASTA AQUÍ...":
Sátira humana
PEDRO LABRA HERRERA
PEDRO LABRA HERRERA
En la hora y media que dura "Hasta aquí nomás llegamos" presenta tres cuadros principales. Un monólogo sobre la obsesión actual por la tecnología, con un computador gigante en escena que muestra distintas imágenes, un atractivo logro técnico, sin duda. Luego, un sketch en que un tipo pilla a su esposa con su mejor amigo en su propio dormitorio. Finalmente, Coco Legrand repasa lo que a él y al país les ha pasado en las últimas décadas, junto a una moto de colección que simboliza la capacidad de soñar y tener esperanza.
Entre esas partes hay un par de coreografías y otras escenas que muestran la trastienda del show con artistas en el camarín. Pese al despliegue, el plato fuerte sigue siendo el humorista solo en escena, hablándonos como un viejo amigo observador que sabe reírse de sí mismo y elevar al absurdo los defectos nacionales. Los años lo han vuelto más cáustico, más definitivo e impaciente. El título es decidor y la sátira política resulta mordaz. Un buen tramo del primer cuadro es, más que humor, una irritada arenga. En el esfuerzo, muchos de sus cuidados y vistosos factores o de sus creativos e intérpretes, subexplotados en sus posibilidades, parecen meros accesorios. No sería mala idea que Legrand, si busca en el futuro derivar hacia formas escénicas más elaboradas, se sirviera de un director teatral.
Estirado y con resortes repetidos, el sketch del adulterio sería más eficaz si no terminara sugiriendo el reflejo del chileno deshonesto de hoy. Mención especial merece la grotesca estriptisera vieja y gorda - encarnada por el productor Roberto Grimm- que es un venenoso dardo al voyerismo chileno.
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El Mercurio
Jueves 18 de Abril de 2002
¿Había que reírse?
Sergio Gómez.
No cuando los niños están cerca.
Los niños no son locos, sino demonios bajitos, y hay que reconocer que alguna vez fuimos monstruos parecidos. Eso se supone que es chistoso en una obra de teatro y de eso trata en estricto rigor "Ahora no, que están los niños", una serie prolongada de gags en la que cuatro talentosas actrices se esfuerzan por contar chistes casi como lo harían en un cumpleaños. Hay que aceptar el rebuscamiento del dramaturgo en esta comedia española, pero también un toque de genialidad al fregar limón en una herida potente como es la familia, desde sus más feroces contradicciones a la franca estupidez. La única lección que a uno le queda - como en mi caso, sin hijos- es tratar a toda costa de evitarlos.
"Ahora no, que están los niños". es un tipo de teatro espectáculo sin desarrollo dramático, que muestra una sucesión de diálogos o monólogos apelativos. En escena aparecen sucesivamente madres histéricas, hijos bobalicones, padres clasistas, niños ingenuos y crueles, familias chambonas y patéticas.
Las cuatro actrices protagonistas están estupendas. Cada una pone lo mejor de sí en los distintos roles, sobre todo la experimentada Paola Volpato y una increíble Francisca Tapia que me hizo reír, aunque no tenía idea de qué.
"Ahora no, que están los niños", es un teatro que se inscribe en los espectáculos que a la gente le gusta llamar paternalmente "livianitos", sin complicaciones, a los que se invita en la primera cita o a los que acuden parejas de adultos mayores y señoras con olor a laca, quienes, sin excepción, salen de la sala con una sonrisa en la cara y la satisfacción ilusoria de haber raspado, desde alguna parte del fondo de la olla, un poco de cultura. ¿Se puede criticar algo así? Por supuesto que no.
Pero no se le puede asignar un valor superior a este mismo acto escapista. El espectador de estas obras no tiende a la identificación sino a la enajenación. Los chistes distancian, las risas se escuchan huecas y nos alejan alegremente de toda responsabilidad. El escritor Mario Vargas Llosa señala: "Sólo cuando se ha llegado a la lastimosa convicción de que este mundo no será nunca mejor ni diferente de lo que se es, se puede concluir que en él lo único que tiene sentido y razón es buscar la manera de escabullirse de la vida, embriagado en juegos de mentiras entretenidas de las que no se desprende nunca alguna verdad". Pretender pasar gato por libre y vender la cultura entretenida sí que parece una broma fome. No ocurre en esta obra, pero casi. Se salva por su modestia y sinceridad.
"Ahora no, que están los niños"
Teatro Alcalá (Bellavista 97, 732 7161). Jueves, 20:30. Viernes, 21:30. Sábado, 19:30 y 21:30. Domingo, 19 hrs. Jueves y domingo, $5.000. Viernes y sábado $7.000.
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El Mercurio.
Pelícano (posibilidades al fin de una familia)
Si "El pelícano", escrita hace un siglo, reaparece apenas a
un año de otra versión juvenil, se debe sin duda a que esta obra
mayor de un dramaturgo de los grandes, expresa bien - por su descarnado naturalismo,
su retrato del horror infernal que puede cobijarse en la intimidad del hogar,
su demolición de la familia como institución - cierto estado de
ánimo de la juventud actual.
Eso, el sentimiento nihilista, el desconsuelo más extremo, logra concretar este trabajo experimental gestado por Alexis Moreno, quien suele ser dramaturgo, director y actor de sus montajes ("Trauma"). En su personal reescritura de Strindberg, se concentra en los tres personajes eje y reordena el texto, dándole a cada cual - la madre, el hijo y la hija- la oportunidad de contar por turno su propia versión del drama. Lo que nos pone, como público, en una perspectiva crítica respecto a sus motivos y opciones. La teatralidad de la puesta, muy cuidada y creativa, refuerza ese distanciamiento con su prólogo pregrabado, el enorme y viejo refrigerador vacío en medio del escenario, proyección de textos y golpes de luz. Aún así, el enfoque conceptual, abstracto, se contrapone todo el tiempo con la violencia emocional y física desplegada por los intérpretes; pese a su tono mayormente estático y contenido, la actuación tiende a imponerse con su arrolladora intensidad. El espacio en semipenumbra y los acordes expresionistas tocados al piano en un rincón, apoyan la atmósfera lóbrega y atormentada. Sorprendentes efectos técnicos sugieren que lo que vemos es como un relato de terror. La joven que encarna a la Madre cumple bien, pero la propuesta habría funcionado aún mejor con una actriz madura en ese rol.
PEDRO LABRA HERRERA
Dirección:
Alexis Moreno y Alexandra von Hummel
Reparto:
Con Alexis Moreno, Angélica Riquelme y Alexandra von Hummel
Lugar(es) de exhibición:
Museo de Arte Contemporáneo
Dirección: Parque Forestal s/n
Teléfono: 639 64 88- 639 54 86
Precio:
General: $3500
Tercera Edad: $2000
Convenio: $2000
Estudiantes: $2000
Horario: Viernes, sábado 21:00. Domingo 20:00 hrs.
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13/04/02, El Mercurio.
TEATRO/ "COLINA 1, TIERRA DE NADIE":
Más que rehabilitación, un buen espectáculo
Juan Antonio Muñoz
JUAN ANTONIO MUÑOZ
Mucho mejor que varios montajes profesionales que se han presentado en las tablas chilenas, "Colina 1, tierra de nadie" interesa no sólo por la propuesta social que implica, sino por aspectos que tienen que ver con teatro y con aquello que es irrepresentable: la verdad.
Sucede que las artes escénicas siempre juegan con la verdad, tratando o bien de apartarse de ella o de ponerla en escena. En el primer caso, cuando se busca un alejamiento, generalmente se producen puestas gélidas o incomprensibles de tan abstractas. En el segundo, se corre el riesgo del realismo mal hecho.
En "Colina 1" - con dramaturgia y dirección de Jacqueline Roumeau y con seis reclusos del Centro de Cumplimiento Penitenciario Colina 1- todo es verdad: la historia es real y los personajes son los propios actores, quienes no están haciendo más que contar y volver a representar lo que les sucede.
Incluso si uno lo mira desde afuera, sin conocer el objetivo de reinserción social, se encuentra con que Ángelo Bazáes, Alberto López, Rafael Vivanco, Héctor Silva (notable como la empleada y el político), David Ibarra y Carlos Nahuelhual fluyen bien sobre el escenario; sus voces tienen un más que aceptable nivel de proyección; cantan y bailan; manejan elementos de comedia, y hasta algunos de ellos actúan. Y una cosa muy importante: no imitan a nadie cuando hablan. Les entienda uno o no. Son genuinos y ninguna escuela de teatro y ningún cliché asoma en su entrega. ¿Cómo no creerles, entonces?
Que nadie piense que esto pasa por la benevolencia o que "Colina 1" induce a la piedad. No. Con música en vivo, elementos audiovisuales y estructurada a partir de una voz que interpela a los personajes (el actor Alejandro Trejo), la pieza permite conocer a cada uno de los reos, acotando su infancia, el primer delito y las circunstancias en que los pusieron a la sombra. Todo esto, con emoción y humor, y bañado por una cuota natural de nostalgia: lo perdido, las heridas físicas, las internas...
Aunque no se busca justificar las acciones delictuales, surge una crítica social dirigida contra el ámbito sociopolítico que desconoce que las bases de la delincuencia se encuentran en la pobreza. No se desconoce tampoco que hay muchos pobres que trabajan duro por poca plata y que son honrados.
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12/04/02, El Mercurio.
CRÍTICA TEATRO "¡AHORA NO..."
Refrescante estreno
Juan Antonio Muñoz
JUAN ANTONIO MUÑOZ
"¡Ahora no!, que están los niños" es un ejemplo de teatro liviano destinado a un público amplio, que pone sobre la escena, de modo lúdico y con encanto, algunas vivencias de la familia chilena. La responsable del armado, basado en un exitoso original español, es la actriz Rosita Nicolet.
El tema en este caso son los hijos y cómo influyen la vida de sus padres, a veces al punto de decidir sobre su destino y felicidad. Están presentes los hijos buscados y también aquellos que llegaron de improviso. Los que quieren a sus padres y los que los desprecian profundamente. Todo esto, siempre con humor y suavidad: nadie se irá para su casa meditando agobiado, pero no dejará de pensar que algo puede cambiar.
La dirección de Javiera Contador es convencional y, en esos términos, hace fluir bien el espectáculo, aunque el ordenamiento de las escenas puede mejorar. Su apuesta interpela al público de manera constante.
Las actrices se conducen con solvencia. Rosita Nicolet destaca como la española con hijos "normales" y como el padre impresionado por el lenguaje de su hija; la dúctil y asertiva Paola Volpato, hecha para estas lides, como el niño Juanito-Vampiro; Francisca Tapia, de una fluidez extrordinaria, como la madre de la niña superdotada y como la hija de padres separados, y María José Prieto, como la madre cuica con hijos insoportables y como el niñito buena gente que le pide al Viejo Pascuero puras cosas que añora en su alma.
Este estreno no es pretencioso y, lo principal, no resulta redundante en el medio del teatro liviano, tan afecto a un destape trasnochado.
Sólo se echa de menos un mejor nivel de producción, que se irá dando con el tiempo. Además, ¡la sala Neruda tiene butacas!
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05/04/02, La Tercera.
Complicándose la vida
GUERNICA
DIRECCION E IDEA ORIGINAL: HUGO OSORIO
CON: COMPAÑIA DEDALUZ
SALA: SALA BLANCA MUSEO DE BELLAS ARTES
PARQUE FORESTAL S/N
HORARIO: VI. Y SA. 20.30 HORAS
por Eduardo Guerrero del Río
En esa búsqueda de fuentes para crear espectáculos teatrales, se cometen a veces algunas osadías propias de la juventud (o de la irracionalidad) y del deseo de experimentar con nuevos lenguajes escénicos. De vez en cuando, muy de vez en cuando, salen algunos productos de interés, ya que -por decirlo de alguna forma- no es una empresa fácil ni mucho menos. Entonces, uno se pregunta: ¿por qué no acudir a los textos dramáticos, que pueden augurar un camino mucho más factible por su especificidad teatral? ¿Por desconocimiento o por un deseo innovador?
Al referirnos a lo anterior, estamos pensando -fundamentalmente- en los montajes que se han basado en la narrativa y en la poesía. Pero también hay otras manifestaciones artísticas que han servido de punto de partida. Una de ellas es la pintura y, en lo específico, el cuadro Guernica, de Pablo Picasso, una de las pinturas más simbólicas del arte contemporáneo, vinculada a la guerra civil española. Esto conlleva, sin duda, una dificultad mayor, dado su carácter abstracto y las múltiples interpretaciones del objeto artístico. Por lo mismo, al materializarse como referente teatral, adquieren significación otros lenguajes de la teatralidad, dejando de lado el elemento esencial de una obra dramática: el diálogo.
De esta manera, en apoyo a lo que ha sido el trabajo del grupo, el teatro de objetos se presenta como uno de los supuestos atractivos de esta puesta en escena, en donde lo musical y, más que nada, lo corporal se constituyen en lenguajes primordiales. Decimos "supuestos", porque -a nuestro entender- a este espectáculo en blanco y negro, en términos generales, le falta mayor consistencia y oficio en la dirección y, sobre todo, mayor gracia en el trabajo corporal. Esto da lugar a un montaje plano, con logros esporádicos, como la escena del torero (una cierta ruptura) y la imagen final, con los tres paneles escenográficos cerrándose y conformando el cuadro de Picasso. Además, en esta conjunción de lenguajes, la música permite romper, por momentos, la ya aludida monotonía del conjunto.
Arriesgada, por decir lo menos, es esta apuesta teatral de la compañía Dedaluz. Como proyecto puede parecer interesante (mal que mal se le dio un Fondart), pero su concreción escénica está limitada por la inherente dificultad de llevar a las tablas un cuadro tan abstracto como el Guernica.
"A este espectáculo en blanco y negro, en términos generales,
le falta mayor consistencia y oficio en la dirección y, sobre todo, mayor
gracia en el trabajo corporal. Esto da lugar a un montaje plano, con logros
esporádicos ".
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Diario El Mercurio
El Círculo de Tiza Caucasiano
El teatro nacional chileno cierra el festejo de sus 60 años con una producción
compleja y exigente, "El círculo de tiza caucasiano", una de
las obras maestras de Bertolt Brecht.
El resultado tiene una dignidad acorde con el fin. Aunque se debe aclarar que el elenco es mayormente joven, lo que redunda en desempeños por lo general menos sólidos; y que la extensa representación es muy dispar, con un primer acto poco estimulante y un segundo bien logrado.
El texto comienza con una revuelta y con la huida de una sirvienta, quien protege al abandonado hijito de la gobernadora. La sección final, más dialéctica, interrumpe esa historia y se concentra en un bribón borracho al que nombran juez; él deberá fallar si el niño pertenece a su madre natural o a quien lo cuidó con tanto esfuerzo.
La puesta en escena está concebida como un gran espectáculo. La música original de Paul Dessau se reemplaza por una partitura de Patricio Solovera que, ejecutada en vivo, otorga al primer acto un carácter operático. Impresión que refuerza el vestuario, de recargada opulencia. La dirección no buscó el estilo brechtiano de actuación, que no encarna sino que muestra los personajes; prefirió un tono suavemente farsesco con abundante gestualidad de raíz oriental.
Problema mayor es que la protagonista tiene en Camila Osorio (hija del director) una intérprete de notable dominio físico, pero escasa proyección actoral y limitadas dotes como cantante. En cambio Max Corvalán, como Azdak, se adueña del escenario en el segundo acto. Su brillante despliegue histriónico da intensidad y ritmo a la acción; incluso mejora la composición de los personajes secundarios.
PEDRO LABRA HERRERA
Dirección:
Raúl Osorio
Reparto:
Con Camila Osorio, Fernando Gómez-Rovira, Max Corvalán, Paula
Bravo y otros.
Duración:
170 minutos
Lugar(es) de exhibición:
Teatro Antonio Varas
Dirección: Morandé 25
Teléfono: 6717850
Precio:
General: $6.000
Tercera Edad: $3.000
Estudiantes: $3.000
Horario: Miércoles a sábado a las 20:00 hrs.
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Diario La Tercera.
No tanta gracia
DEJAME QUE TE CUENTE QUE LAS ABUELAS NO SON PARA EL VERANO
DRAMATURGIA Y DIRECCION: ROBERTO NICOLINI
CON: PEGGY CORDERO, VIOLETA VIDAURRE E ISABEL SUNAH
SALA: SALA CLUB DE LOS COMEDIANTES (MERCED 391)
HORARIO: SA. 20. Do. 19 horas
Por Eduardo Guerrero del Río
En la crítica anterior, aludí al esfuerzo de Roberto Nicolini
por dignificar la actividad teatral, sobre todo en el ámbito de la comedia,
inaugurando un nuevo espacio para las tablas. Junto a Gringadas se está
ofreciendo una segunda obra, de autoría y dirección del propio
Nicolini y con nombre más que extenso. En todo caso, esto de la dramaturgia
no es nuevo para él, ya que hace 10 años (en octubre de 1991)
estrenó Mujeres de Viña al Borde de un Asesinato, un reconfortante
espectáculo en el cual también participaban las actrices Violeta
Vidaurre y Peggy Cordero.
Comparativamente, a nivel del texto, este segundo montaje de Roberto Nicolini es de menor factura, pues su estructura es más deficitaria; más que nada, como se señala al comienzo, son "vivencias", "recuerdos de antaño con algo de humor". Así, cada una de las tres actrices asume diversos unipersonales, cuya gracia está en función directa de la anécdota y, sobre todo, del trabajo actoral.
De esta forma, van desfilando por el escenario estas abuelas con sus respectivas historias; entre ellas, a manera de ejemplo, la supervaquera del oeste, arrestada por giro doloso de cheques; una abuela que observa su propio funeral con unos anteojos largavistas; otra que graba sus retos para cuando lleguen los nietos a pasar las vacaciones. Al final, cambiando la forma monotemática del monólogo, dos actrices participan del encuentro entre dos amigas.
En términos globales, estamos ante un espectáculo liviano, de humor "blanco", con toques de absurdo y algo de ironía. Aparte de la escenografía (una banca de poco uso) y una sencilla iluminación, no hay mayores lenguajes de la teatralidad presentes en la puesta en escena. Más bien, el mayor o menor enganche del público con la representación se debe al desempeño de las tres actrices, sobre todo en lo que concierne al trabajo de Peggy Cordero y Violeta Vidaurre (no las vamos a descubrir ahora), pues Isabel Sunnah, en el conjunto, se manifiesta con mucho menor oficio y gracia que las dos actrices antes mencionadas.
Las ideas y proyectos de Roberto Nicolini, gracias
a su esfuerzo y tenacidad, siempre salen adelante. Por lo mismo, no dudamos
que este espacio puede transformarse en un buen lugar para presenciar obras
vinculadas con la comedia y con un humor exento de ingredientes extrateatrales.
Para ello, eso sí, deberá en el futuro exhibir obras de mayor
consistencia teatral.
"Estamos ante un espectáculo liviano, de humor 'blanco', con toques
de absurdo y algo de ironía".
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08/02/02, El Mercurio.
"Mortajas"
Flavia Radrigán
Esta obra del ya establecido dramaturgo Cristián Figueroa (Mala crianza, San Rafael, el misterio de los atorrantes), se nos instala en dolores pasados y nos obliga a incómodas reflexiones sobre nuestra postura frente a lo bárbaro, frente al acto humano al cual parece imposible encontrar rasgos de humanidad. El texto es bello, descarnado y logra con pluma sólida y valiente hacer un paralelo entre la cruel, tangible, realidad contemporánea de los detenidos desaparecidos y la muerte bíblica y perdida del cuerpo del hijo de María. El autor ahonda la historia desde la orfandad de tres mujeres: María, la madre, María, la viuda y María, la hija, enfrentadas a la insensatez de un dictador, ¿será Pilatos? nunca queda claro, pero él, sin comprender lo que sucedía, decide eliminar al hombre: hijo, esposo y padre.
Hasta aquí todo bien, pero luego el autor entra en un terreno claramente desconocido para él, la dirección, y no hace otra que reafirmarnos el famoso dicho "pastelero a tus pasteles". El paralelo propuesto por Figueroa, mezclar pasado y presente, corría el evidente riesgo de transformarse en un producto híbrido, amén del hecho aún más peligroso de contarnos una historia absolutamente conocida, sin que atisbemos una postura nueva del autor frente a ella, la del Santo Sepulcro. Todo esto ameritaba la mano de un director de mayor experiencia.
La escenografía es casi nula, lo que no es un factor negativo cuando el director tiene las armas necesarias para crear atmósferas, espacios habitados por emociones, por sensaciones, que no es el caso. Triste, porque el elenco es de conocida solvencia y uno tiende inevitablemente a pensar en lo que se hubiese podido lograr siendo guiado por otra mano. La acción queda supeditada a la fuerza interpretativa de los actores, entre los cuales destaca Víctor Montero, sin desmerecer a los demás. Los actores entregan buenas propuestas pero son claramente islas, no logran cohesionarse ni producir un todo, un espectáculo teatral.
FICHA
Dramaturgia y dirección: Cristián Figueroa.
Actores: Katerina Cabezas, Luz Croxatto, Patricia Velasco, Juan Pablo Bastidas, José Herrera, Víctor Montero. Galpón 7, Sala 1, Chucre Manzur 7. de lunes a domingo, 21.00.
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06/01/02, El Mercurio.
"EL SUBMARINO AMARILLO"
Un atractivo round entre una madre y su hija
Pedro Labra Herrera
FICHADirección y texto: Gustavo
Meza.
Elenco: Elsa Poblete y
Trinidad González.
Duración: 65 minutos.
Lugar: Sala Observatorio San Patricio (Loreto 400).
Funciones: Viernes y sábado, 22.00 horas.
PEDRO LABRA HERRERA
Por su nostálgico título, de sentido accesorio en el total, el primer estreno de la temporada no sugiere para nada lo que contiene. "El submarino amarillo" es una incisiva, a ratos cálida radiografía de la estrecha y absorbente relación madre-hija. Así ronda por el "eterno femenino" con mirada punzante.
En un espacio desnudo con una silla como única utilería sobre el escenario, una madre y su hija - con traje de ensayo negro- representan retazos de su historia común en que se han necesitado y rechazado, querido y detestado.
Pelean, se descalifican, compiten entre sí, pero siempre les llega el momento de ser amigas, solidarias, incondicionales. Su batalla refleja cómo dos mujeres en etapas y de generaciones distintas, buscan afianzar y defender sus identidades individuales y su forma de entender la vida.
Al igual que en "Cartas de Jenny", de 1989, también sobre una madre posesiva (como todas), Meza entrega una obra más "de cámara" e intimista, lejos de la cuestión social y la realidad chilena, sus constantes preferidas.
Pero la puesta en escena, ágil e imaginativa, tiene su sello. Crea un universo teatral en que presente y pasado, recuerdo y sueño, se alternan sueltamente.
A menudo la estructura es simétrica: la misma situación que vive una la replica a su modo la otra en contraespejo, y el desarrollo incluye una gran cantidad de juegos físicos y gestuales.
Mucho del disfrute procede de la notable interpretación, no sólo porque las actrices siempre dan con el tono exacto, mezcla de compromiso interior y terapia lúdica, sino por la soberbia "química" que establecen: cuesta imaginar que ambas no sean madre e hija fuera de escena.
La apropiada musicalización, a demasiado volumen, suele tapar los diálogos; a menudo, también, los temas dejan de sonar toscamente.
El resultado es tan atractivo y estimulante, que no se puede dejar de pensar que con unos pocos ajustes, un esfuerzo mayor de producción, disminuyendo algo de su aire tan "off off", "de laboratorio", en otra sala mejor equipada, la obra podría ser un tremendo éxito en el teatro de índole más comercial.
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23/12/01, El Mercurio.
"MITOS DE LA MUERTE Y OTRAS MUERTES":
Espectáculo de potente sugerencia
Pedro Labra H.
PEDRO LABRA H.
La delicadeza expresiva de un arte milenario de origen oriental como el Teatro de Sombras, se presta idealmente para un espectáculo poético como éste, en que la gráfica en movimiento y la música se funden en poderosas imágenes sobre un tema tan difícil de abordar.
En esta técnica de animación, sin antecedentes ni otros cultores en nuestro medio, la obra presenta tres leyendas de culturas ancestrales - africana, mapuche y maya- bajo la premisa de que "hay muertes que no son en vano y que trascienden". En una dimensión espiritual, por cierto, aunque también asoma el referente político.
Es teatro de sensaciones, y no se preocupa de entregar un relato ordenado y coherente, sino visiones como de ensueño o pesadilla. Cada episodio difiere sutilmente de los otros en estilo y concepción. Introduciendo el acrílico como material, logra asombrosos efectos de color y semitransparencia.
Buena parte del intenso impacto que provoca, se debe a la musicalización de Arturo Rossel quien, a un costado, toca distintos instrumentos, canta y vocaliza, generando sonoridades y ritmos étnicos de cautivante embrujo.
Desde "Eros y Psiqué", de 1999, el grupo puede haber tenido un gran avance, pero el resultado aún parece un trabajo de búsqueda. Lagunas de ritmo y signos vacíos de sentido, lo estiran en exceso; contiene, además, impensables cruces culturales. Lo mejor es el mito africano, el primero, que, para tratar de la muerte, se despliega curiosamente con una belleza casi sensual.
FICHA:
Compañía: Equilibrio Precario
Dirección: Carmen Luz Maturana
Duración: 70 minutos
Lugar: Centro Cultural Matucana 100
Funciones: 21:00 horas
Precio: General, $4.000; estudiantes, $2.000
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