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Análisis y Crítica de Obras 2003 Para publicar en esta sección tu propio comentario sobre alguna obra o rebatir alguna crítica escribe a contacto@telon.cl (El Mercurio, Oct. 2003) Entre Nos es la prueba de que en Chile está renaciendo el buen teatro. Leonor (Rossana Morales) puede ser cualquiera de nosotras que ha renunciado al exitismo por sacar adelante su hogar. Ese hogar es su refugio y también su prisión. Por su parte, Laura, interpretada por Jeannette Espinosa, es todo aquello que Laura no pudo ser. Y sin embargo, al verlas una frente a la otra, nos preguntamos: ¿qué tan diferentes son en realidad estas dos mujeres? Sin duda, Entre Nos, escrita por el argentino Santiago Serrano, rescata la cotidianeidad de cualquiera gran urbe, latinoamericana o no, a través del diálogo de estas dos mujeres perdidas en medio del ajetreo. Por otra parte, la dirección de Heidrun Breier y Natalie Medina denota un trabajo psicológico de los personajes y una escenografía natural que no cae en la precariedad. Pero ningún director,
por más bueno que sea, podría hacer de un buen texto teatral
una buena pieza dramática si no contara con el talento innato
de sus actores. Y eso es precisamente lo que les sobra a Rossana Morales
y Jeannette Espinosa. Aquí no importa qué tanta experiencia
teatral puedan o no tener. O qué tanto aparezcan en las pantallas
de televisión. Cuando un artista es bueno, es bueno. Y punto.
Y aquí estamos frente a dos grandes actrices. Ser
o no ser "Hamlet", la tragedia de Shakespeare, bajo la dirección y adaptación de Alexis Moreno explora una versión misógina y corporal sobre la mujer y el instinto. -------------------------------------------------------------------------------- Andrea Jeftanovic Hamlet, la obra sobre el príncipe de Dinamarca, el loco o el que finge estar loco, el que tiene dudas existenciales, el que se deprime, el idealista que se enfrenta a la corrupción y a la traición, se estrena en el Teatro Nacional. Rescatando la esencia de la obra shakesperiana, Alexis Moreno se concentra en el impacto psicológico de la traición y la mentira, y en la relación de Hamlet con las mujeres; específicamente con su madre, Gertrudis, y su enamorada, Ofelia. Dicen que Hamlet es la última de las tragedias. De esas cuyo argumento es una seguidilla de desgracias que terminan con todo un orden familiar y político. Muere el rey de Dinamarca (padre de Hamlet), mordido por una serpiente. La viuda, demasiado pronto, se casa con el hermano del difunto - recordemos ese inolvidable lamento: "La carne del almuerzo del funeral se sirvió, fría, en la cena de bodas". Esta apresurada boda sume a Hamlet en una profunda depresión. Luego, el fantasma del padre ronda el castillo y sopla al oído de su hijo que fue víctima de una conspiración. El príncipe se empecina en hacer justicia con acciones extravagantes: finge estar loco, ofende a su amada y hace que una compañía de teatro represente la confabulación y el crimen ante los reyes. Entonces el introspectivo y melancólico príncipe, interpretado por un Marcelo Alonso intenso y sólido, se debate entre el pensar, el sufrir y el hacer. La toma de conciencia de la corrupción de la madre permite la verbalización de lo que Hamlet realmente cree acerca de las mujeres: que su naturaleza es inferior, que las mueve el deseo, que no son confiables, que su amor se corrompe. El príncipe se rebela contra la madre y siente descrédito por la novia. El momento en que Hamlet rechaza a Ofelia es fuerte; ella busca desesperada la comprobación carnal del amor del príncipe y él se debate entre la metafísica y el dolor personal. La pareja tiene una lucha, hay golpes, acercamientos, forcejeos. Las interpretaciones son parejamente sólidas, destacándose Trinidad González (la reina), Manuel Peña (rey) y Alexandra von Hummel (Ofelia). El montaje es hábil en mostrar la belleza de las palabras del texto. La escenografía es moderna y espectacular. El uso de oscuros totales y de música contemporánea - por ejemplo, Metallica- enriquecen la puesta en escena. Estos elementos se conjugan mejor en el segundo acto, que es más limpio, libre, particular y potente. El primer acto transcurre sin orientación clara y se hace pesado y pedagógico. Esa disparidad entre actos es el problema de la obra. De todas formas todo concluye en un punto álgido con un Hamlet agónico que remata todas las muertes: de la madre, de Ofelia, del Rey, de Laertes y la propia. "Hamlet" Teatro Nacional Chileno, Sala Antonio Varas (Morandé 25, 696 1200). Viernes y sábados a las 20:00 horas. Entrada general $6.000, estudiantes y tercera edad $3.000. Teoría
de la relatividad "La condición humana" aborda la historia reciente desde un nuevo punto de vista: la ambigüedad. -------------------------------------------------------------------------------- ¿Inocente o culpable? Los asistentes de la obra "La condición humana", escrita y dirigida por Mateo Iribarren, deben dictar el veredicto de un acalorado y complejo juicio que dura dos horas. No es un caso cualquiera. El acusado es Fernando Muñoz Pascal, o el mirista comandante Antonio, o el ciudadano y empresario inglés Henry Rendal. Estas tres personas son la misma, y corresponden al principal sospechoso del asesinato del capitán Morán, ex DINA. A medida que avanza la historia comprendemos que la trayectoria vital de Muñoz Pascal representa la reciente historia chilena: activista del MIR en 1973 y preso en el centro de detención de José Domingo Cañas, fue torturado y violado por subordinados de Morán; y su mujer de ese entonces, maltratada y desaparecida con siete meses de embarazo. Posteriormente fue informante de la DINA. Luego, bajo otra identidad, se transformó en residente londinense con una adinerada familia. Retornado a Chile en los noventa, fue asesor gubernamental y colaboró en el regreso de Pinochet desde Inglaterra y, por último, se convirtió en un poderoso y exitoso empresario neoliberal. Iribarren hace un teatro de argumento, en el que lleva a escena con sagacidad e inteligencia un proceso judicial sin pruebas claras, teniendo como protagonistas al acusado (Max Corvalán), una fiscal (Ximena Rivas), un abogado defensor (Alejandro Trejo), una jueza (Francisca Gavilán) y cinco testigos (desde la hija del acusado a un performista que estuvo presente el día del crimen). El caso atrapa, los parlamentos fluyen elocuentemente, se transita por la ambigüedad y el relativismo de los hechos y las perspectivas. Están muy bien construidos los testimonios que exponen los testigos: cada uno agrega una nueva interpretación que confunde y complica el proceso. Y ese es el gran valor de la obra: enfrentar al espectador a una difícil deliberación moral y judicial. El buen nivel de actuación contribuye a mostrar de modo convincente las diversas aristas. La interpretación de Trejo como abogado defensor es impresionante, y Ximena Rivas como la fiscal le hace el peso. En contraste, se hace necesario un ajuste a los exagerados roles que encarnan los actores más jóvenes. A nivel de puesta en escena, no queda claro si los diaporamas proyectados aportan mucho; por lo menos debieron haber tenido una factura más cuidada. Así también la escenografía pudo haber corrido más riesgos para que en términos globales, estéticos y argumentales, la obra hubiese sido un todo perfecto. La magistrada da por finalizada la sesión y el escenario queda a oscuras. El jurado, escogido al azar entre el público según el número de la entrada, se retira a una sala a deliberar. Regresa unos minutos más tarde con el dictamen. ¿Culpable o inocente? Depende. La Condición Humana |
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