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En esta Sección:

SANTIAGO HIGH TECH por Ofelia de Telon.cl

"Misterio gozoso" por Sergio Gómez

El Húsar de la Muerte por Juan Antonio Muñoz H.

LA PROFESION DE LA SEÑORA WARREN por Eduardo Guerrero

LAS SIRVIENTAS (EL INSTANTE PURO DE LA MENTIRA) por Eduardo Guerrero

En esta sección durante Enero-Abril 2002:

EL SUBMARINO AMARILLO por Eduardo Guerrero

"Pelicano": Asuntos de familia por Juan Andrés Piña

Tres noches de un sábado por Sergio Gómez

SUSURROS DE OPIUM por Pedro Labra H.

"HASTA AQUÍ NO MÁS LLEGAMOS..." por Pedro Labra H.

"Ahora no, que están los niños" por Sergio Gómez

"Pelicano": Asuntos de familia por Pedro Labra H.

"COLINA 1, TIERRA DE NADIE" por Juan Antonio Muñoz H.

"Ahora no, que están los niños" por Juan Antonio Muñoz H.

GUERNICApor Eduardo Guerrero

El Círculo de Tiza Caucasiano por Pedro Labra H.

DEJAME QUE TE CUENTE QUE LAS ABUELAS NO SON PARA EL VERANO por Eduardo Guerrero

"Mortajas" por Flavia Radrigán

"EL SUBMARINO AMARILLO"por Pedro Labra H.

"MITOS DE LA MUERTE Y OTRAS MUERTES"por Pedro Labra H.

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Agosto-Diciembre 1999 | Enero-Abril 2000 |Mayo-Agosto 2000 | Septiembre - Diciembre 2000 | Enero-Abril de 2001 | Mayo- Agosto 2001 | Septiembre-Diciembre 2001

Análisis y Crítica de Obras 2002

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SANTIAGO HIGH TECH

por Ofelia de Telon.cl

Cuando el director y dramaturgo corre al escenario y se para bajo un cenital (para dar la bienvenida, apagar los celulares, pedir perdón por la breve demora etc...) nos desea un buen viaje.

Cuando después de la obra salgo de la sala y camino congelada me doy cuenta (porque en efecto me siento rara) que efectivamente estuve en un mundo paralelo, recuerdo entonces que durante la semana alguien que ya la había visto me dijo que la encontró mala, ahora la entiendo y creo que fue malinterpretada, si uno tiene un sueño-pesadilla no es que la noche haya estado mala, y en este caso es innegable, puede que te guste o no te guste donde te llevan, pero la obra, el mundo dramatúrgico creado, me parece que no tiene fallas.

En los personajes no recuerdo ni gritos ni lágrimas muy largas, sin embargo todavía puedo intuir la pena que los embarga, ahora no importa que el actor hable como robot, o que de pronto le parezca a uno que están leyendo lo que guardan en la cabeza, creo que en el mundo que el dramaturgo ha creado no hay otra forma de expresarse que no sea esa.

Que la mas pura verdad es esta soledad de cada uno imposible de juntarla a la del otro, así es que si vas a vivir, si amas, asume que será de lejos o con el otro muerto o muérete tú o morir juntos como única forma de escaparte de ser la máquina perfecta y funcional que no puedes y que nunca vas a ser, o camina perdido como termina el personaje protagónico, catatónico.

La escenografía parece tan fría cuando uno se sienta que no puede evitar pensar mientras el resto del público se acomoda que es otra obra minimal que voy a tener que ponerme a pensar en qué simboliza que no la entiendo que me saca que me insensibiliza. Pero no, desde que se paran los actores nos demuestran que es otro personaje y tal vez el más importante, es la ciudad cuadrada anti-ser-vivo, es la pieza que no te acurruca, es el dpto. frío, es la vía rápida que no te deja cruzar, es el orden que te enferma tan pulcrito, es al fin el ataúd donde vivimos y morimos.

Además hay verdaderos cuadros llorando por ser pintados, si fuera yo que soy tan mundana y desfalleciente por una cara bonita le hago un retrato al recoge muertos con su cuello de Elvis rojo porque verdaderamente es un ángel, pero para el artista serio que se atreva de regalo estas dos: el beso volador y la imagen del aliento congelado de las muertas, a propósito gracias por el frío de la sala que virtualmente te mata por que, en esta obra, de morir de algún modo nadie te salva. La recomiendo, la ultra recomiendo.

Galpón 7.
Chucre Manzur 7. 732 8764.
Autor y dir.: Cristián Soto. Con: Fernando Gómez Rovira, Maricarmen Arrigorriaga, Carmina Riego, Carola Carrasco y Jorge Becker.
Vi. y sá., 22.30. Do. 19.30. Ju. y vi., $ 5.000 (2x1). Sá. y do., $ 6.000 (2x1).

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El respetable oficio del teatro
Sergio Gómez
El Mercurio
Jueves 25 de Julio de 2002
"Misterio gozoso"... el de la experiencia de los buenos actores.

El dramaturgo Jorge Díaz es un clásico vivo, tan vivo que se le puede encontrar por las tardes tomándose un café en el Tavelli de Providencia, siempre leyendo, mirando a la gente o, disimuladamente, escuchando conversaciones, supongo que para conseguir material para su próxima obra. Díaz invade con teatro los cielos rancios de Santiago, no da respiro y en la actual cartelera se da el lujo de tener varias de sus obras. Pero el lujo también es nuestro, porque todo lo de Díaz, hasta lo menor, tiene algo, deja, resuma gotas de buen teatro.

Por suerte existe entonces el incombustible y omnipresente Jorge Díaz, desde el mítico "El cepillo de dientes", tan cercano a la adolescencia, que debe ser - junto al "Lobo estepario" de Hesse- una de las lecturas más perturbadoras en una edad de pura incomprensión y sorpresa ante el mundo ancho y absurdo.

"Misterio gozoso" es una obra menor de Díaz, pero lo menor en este dramaturgo no puede ser leído peyorativamente. Con mejor tino se debería decir que se trata de una obra simple, de cámara, fina y tierna, para lucir actores y gustar el sabor de una comedia liviana y bien estructurada. En "Misterio gozoso" dos hermanas solteronas se pelean durante décadas el amor de un viudo beato en un pueblo chico.

La historia es transparente y simplona, al servicio de algo más importante: las actuaciones de tres actores respetablemente mayores, Maité Fernández, Gabriela Medina y César Arredondo.

Acostumbrados como estamos a los excesos y maromas circenses de tantos actores jóvenes recién salidos de factorías que llegan a la televisión, estos otros actores senior, en cambio, obtienen toda su fuerza de la vieja escuela, produciendo un gusto aparte, uno fino y reposado.

Gabriela Medina y Maité Fernández parecen dos tías cariñosas y tiernas, a las cuales uno está dispuesto a creerles todo en el escenario, y a las que les cabe el difícil calificativo de actrices de verdad, sin egos estropeados ni vidas privadas ventiladas en estelares, sólo con un respetable exceso: la experiencia.

No importa entonces que esta obra de Díaz sea irregular, tal vez demasiado simple y con brotes de realismo mágico ajado e innecesario, porque por sobre todas esas consideraciones se transpira el amor por la actuación, el verdadero amor por el oficio.

Imposible entonces dejar pasar la ocasión de decir, al ver a estos actores de toda una vida, jugados por lo que hacen, verdaderos profesionales, lo lejos que parecen de aquellos funcionarios públicos, pagados por el Estado, que hace una semana en Valparaíso dieron una demostración de su profesionalismo y civilidad, y ante la palabra "cultura" huyeron despavoridos.

"Misterio gozoso"

Teatro El Conventillo (Bellavista 173, 777 4164) $5.000. Domingo, $3.000. Sábado 20:15, 22:15. Domingo 19.15 hrs.

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El Húsar de la Muerte


La Tercera, Julio 2002.

En "El húsar de la muerte" todo es una sorpresa. Desde el nombre del grupo de teatro - La Patogallina Cinemascope- y el de la banda rockera que interviene - La Patogallina Sound Machine- pasando por el tema escogido, la forma de desarrollarlo y el escenario donde se presenta.

Este último es el Centro Cultural La Cúpula, una sala enorme y bien implementada, como las que en Santiago no existen, en pleno Parque O'Higgins (acceso por Rondizzoni).

La idea del director Martín Erazo fue poner en escena "El húsar de la muerte". Pero no el argumento, sino la propia película de Pedro Sienna, que data de 1925 y que fue declarada Monumento Histórico en 1998.

Eso significó convertir en imágenes teatrales la popular leyenda de Manuel Rodríguez y también transfigurar la famosa cinta en teatro.

El resultado es un irrefutable triunfo de la imaginación, que desafía a los intérpretes a romper con todas las convenciones teatrales y que se resuelve en una suerte de homenaje-irónico tanto al personaje como a esa antigua forma de hacer cine. El primer golpe certero es la visualidad de la puesta, en la gama de blancos y negros, con pequeños elementos en tonos marfil.

También desde el inicio surge como algo relevante la opción sonora. El público entra a la sala escuchando una larga (quizás demasiado) banda electroacústica con ruido de tráfico. En medio de una ovación grabada, aparece la banda rockera, que reemplaza al delicado pianista de biógrafo de otrora. Será este grupo quien lleve el nervio de la puesta y su ritmo, comentando los acontecimientos con estridencia, confusión o sentimentalismo, según corresponda.

El equipo de actores - siempre en silencio, apoyados por letreros que revelan con exactitud los breves diálogos- se rige a una planta de movimientos muy precisa y de una fluidez fragmentada, remedo de las películas de comienzos de siglo. Se alternan gestos operáticos, grandilocuentes, con ciertos primeros planos como escindidos de un comic. El sugerente ambiente general remite, no pocas veces, a trabajos de Royal de Luxe y algunas puestas de Mauricio Celedón.

El elenco es liderado por Patricio Pimienta, quien encarna a un Manuel Rodíguez a medio camino entre el héroe romántico (una especie de Lord Byron guerrillero) y un oscuro joven dark de nuestros días, y por Rodrigo Rojas, quien tiene la doble misión de representar al "aspirante a corneta" Huacho Pelao y a un controvertido O'Higgins. Ellos y el resto del equipo cumplen bien con su misión.

Aunque todavía hay momentos que pueden ser abreviados, el ritmo mantiene en constante tensión y con ganas de ver qué es lo que viene. La utilización del espacio también es notable; la supuesta "pantalla" a veces plantea acciones paralelas, ampliándose o comprimiéndose, sin afectar en nada la credibilidad de esta "apuesta cinematográfico-teatral".

Repleto de detalles de interés y de momentos resueltos con desbordada imaginación (las cabalgatas de Rodríguez con su capa al viento, los buitres que rondan su cuerpo, los guerrilleros que reparten "The Clinic"), "El húsar de la muerte" emociona y hace reír, y está dirigido a un público etáreo amplio.


Juan Antonio Muñoz H.

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Una apuesta interesante

La Tercera.
Escándalo... en su época

LA PROFESION DE LA SEÑORA WARREN, DE BERNARD SHAW
DIRECCION: TOMAS VIDIELLA
CON: TOMAS VIDIELLA, ELIANA VIDIELLA, FRANCISCA MERINO Y ELENCO
SALA: EL CONVENTILLO (BELLAVISTA 173)
HORARIO: VI. 22 HORAS, SA. 20 Y 22 HORAS. DO. 10 HORAS
CALIFICACIÓN: 4

por Eduardo Guerrero del Río

Considerado uno de los dramaturgos más importantes del teatro moderno inglés, Bernard Shaw (1856-1950) escribió La Profesión de la Señora Warren hacia fines del siglo XIX sin avizorar siquiera el escándalo que dicha pieza provocaría lo que conllevó incluso a la prohibición de estrenarla durante muchos años. No era para menos: seguidor de Ibsen, su escritura tenía como finalidad desenmascarar a la sociedad burguesa, propugnando un teatro moralista y polémico.

De esta forma, en 80 minutos de representación, conocemos la historia de la señora Warren (Eliana Vidiella), una mujer de unos 40 años que ha vivido de la regencia de una cadena de prostíbulos, lo que le ha permitido salir de la pobreza y, junto a ello, financiar los estudios de su hija Vivie (Francisca Merino). Algo así como el fin justifica los medios. Su lema viene siendo el de "no es justo que las mujeres no tengan mejores oportunidades". El conflicto como tal se produce cuando la hija se va enterando de los pasos no tan santos de su madre. Entonces, en función del argumento de la obra, no es de extrañar que la burguesía no aceptara esta crítica mordaz del dramaturgo irlandés, como había ocurrido, por ejemplo, con Casa de Muñecas, de Ibsen en Noruega, no hacía mucho tiempo.

Este es, sin duda, un buen tema. Que la sociedad chilena comience a escandalizarse por muchas de las obras en cartelera, algunas de las cuales están siendo avaladas por un sector de la crítica. En lo específico, con este montaje, Tomás Vidiella celebra los 20 años del Teatro El Conventillo. Un espacio en donde hemos presenciado espectáculos de gran calidad artística (La Muerte de un Vendedor Viajero, entre otros) y otros más bien que les ha servido para atraer público. De todo hay en la viña del Señor. Por lo mismo, creemos que la celebración de tan importante fecha hubiera merecido un montaje de otra connotación.

Lo más seguro es que esta puesta en escena sea exitosa. Mejor dicho, en el contexto actual del teatro en nuestro país, no dudamos que tendrá positivas resonancias. Entonces, en lo personal, en la valoración estética de los espectáculos teatrales, un montaje como éste (bien cuidado en su escenografía realista y en su elegante vestuario) lo siento débil: discursivo, donde no se visualiza con sutilezas el humor inglés y, sobre todo, carente de una verdad escénica. Ni las "sexy" tramoyas se justifican. Salvo para algún viejo verde. Tal vez César Robinson López, Mario Soto y Tomás Vidiella, desde lo actoral, puedan brindarnos escasos momentos de un valorado histrionismo. Pero esto no basta, ya que el protagonismo femenino no es de peso. No entraré en mayores profundizaciones. El público ve lo que quiere ver.

La Profesión de la Señora Warren tuvo en otras épocas a protagonistas como Anita González y Bélgica Castro. Ahora vuelve con otras actrices y en un momento en que el público chileno, en términos generales, asiste a muchos espectáculos pero por motivos muy distintos a los puramente teatrales.


"Tal vez César Robinson López, Mario Soto y Tomás Vidiella, desde lo actoral, puedan brindarnos escasos momentos de un valorado histrionismo. Pero esto no basta, ya que el protagonismo femenino no es de peso".


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La Tercera.
LAS SIRVIENTAS (EL INSTANTE PURO DE LA MENTIRA), DE JEAN GENET
DIRECCION: ALFREDO CASTRO
COMPAÑIA: LA MEMORIA
CON: TAIRA COURT, PAOLA GIANNINI, MARCIAL TAGLE, NILTON GUTIERREZ
SALA: CENTRO CULTURAL MATUCANA 100 (MATUCANA 100)
HORARIO: VI. Y SA., 20 HORAS. DO. 19 HORAS
CALIFICACION 6

por Eduardo Guerrero del Río

Através de los años, he presenciado muchos montajes de Las Sirvientas (o Las Criadas, si se quiere), tanto en Chile como en el extranjero. De éstos, no puedo dejar de mencionar el de Tomás Vidiella y Alejandro Cohen en los años '70 en el escenario de El Túnel, y fuera de Chile, el de la Compañía Nuria Espert (con dirección de Víctor García) y el del Teatro Satyricon, de Moscú. Todos ellos con una impronta especial, más allá del texto del dramaturgo francés. Por eso, asistir a un nuevo trabajo en torno a este texto conllevaba una particular expectativa, teniendo en cuenta -además- que el proyecto estaba en manos de Alfredo Castro, uno de los principales directores teatrales de nuestro medio.

El producto final es ampliamente satisfactorio, ya que -desde principio a fin en los 70 minutos de duración del espectáculo- uno como espectador se ve "bombardeado" por la textualidad y, sobre todo, por la concepción escénica del montaje. Desde esta perspectiva, "el instante puro de la mentira" (subtítulo escogido para la obra) se transforma en el "instante puro de la verdad creativa". Con eso basta para que la acción teatral tenga su plena justificación y pueda valorizarse como real producto artístico. Entonces, en este sentido, la adaptación de un texto o las particularidades versiones del mismo, cobran validez y, justamente, hacen que la obra dramática posea una verdadera connotación clásica.

Existe un reforzamiento de la intensidad del texto. El texto como pretexto: para aludir a la rebelión de las criadas; para hacer una fuerte crítica social; para reflexionar sobre el teatro; para potenciar la teatralidad; para incorporar al propio Genet en escena; para comprometer, de una u otra manera, al espectador: "obliguemos a los espectadores a soñar la nada" y "el público es la bestia que vienes a apuñalar". Sin duda, lo anterior posee un sentido fundamental en la concepción de un espectáculo de estas características y, más aún, sirve de contrapunto frente a una postura diametralmente opuesta de un público "pasivo" al cual no se lo inquieta ni en lo más mínimo.

Como en sus anteriores trabajos, desde la dirección, Alfredo Castro da cuenta de una particular estética y de una manifiesta creatividad. Apela constantemente a los variados recursos de los lenguajes escénicos y, sobre todo, a la acertada ocupación de los espacios y niveles. Junto a esto, debemos decir que, a pesar de su juventud, las dos actrices (Taira Court y Paola Giannini) realizan un convincente trabajo, sin caer en estereotipos ni en falsas caracterizaciones; al contrario, su aporte actoral no queda desmerecido en función de la fuerte presencia de los otros lenguajes ni menos en el hecho de que estos roles han sido interpretados tanto por mujeres como por hombres de reconocida experiencia.
Las Sirvientas es una de las representaciones destacadas de este primer semestre, en donde se confirma la solvencia en la dirección de Alfredo Castro, a partir de un texto de larga tradición teatral. Para no dejar de ver este rito de la vida y de la muerte, del bien y del mal.

"El producto final es ampliamente satisfactorio, ya que -desde principio a fin en los 70 minutos de duración del espectáculo- uno como espectador se ve "bombardeado" por la textualidad y, sobre todo, por la concepción escénica del montaje".

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